- Hasta los 30 años los huesos del cuerpo ganan en densidad ósea. A partir de esa edad, su desarrollo se detiene y es alrededor de los 40 años cuando la masa ósea comienza a decrecer. Es un proceso natural que, sin embargo, puede acelerarse debido a la osteoporosis, la cual se asocia, además, al momento en que desciende la producción de estrógenos en la mujer.
- Está demostrado que una ingesta adecuada de alimentos ricos en calcio es un buen seguro para evitar su aparición. Lácteos como los yogures, la leche o el queso resultan imprescindibles durante la infancia, la juventud y la edad adulta. Es precisamente la barrera de los 30 años la que marca el punto de hasta dónde el organismo va a aprovecharse mejor de los aportes de este mineral. Posteriormente, el cuerpo lo sigue necesitando, pero el uso que hace de él no es tan eficaz. Por eso, es fundamental que se ingieran las cantidades necesarias desde la niñez.
- Según la Organización Mundial de la Salud, los aportes mínimos diarios para un niño de 10 años se sitúan en 1.000 miligramos diarios, 1.500 miligramos para los adolescentes, 1.000 en el caso de adultos y 2.000 en el de las mujeres postmenopáusicas.
- Además de estar presente en los productos lácteos, esta sustancia también se encuentra en la avena, las legumbres y los cereales, así como en el pescado, las hortalizas verdes (brécol, espinacas), las almendras y los higos. Una norma a tener en cuenta a la hora de cocinar todos estos alimentos es no prolongar demasiado la cocción, para evitar que pierdan nutrientes.
- Sin embargo, unos aportes adecuados de calcio sirven de poco si no están ligados a un consumo correcto de fósforo, flúor, así como de vitamina D, indispensables para que éste sea absorbido por el organismo.
- Otra cuestión importante es que, para sintetizar esta vitamina, es prescindible la luz solar, por lo que tomar el sol (siempre con moderación) resulta muy adecuado.

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