Tener vivos a nuestros abuelitos es una de las mayores dichas que podemos tener: Escuchar sus anécdotas, verlos reír, ser testigos de los regaños a nuestros padres, dejarse consentir como sólo un abuelo sabe...
Pero cuando los tenemos vivos no los llamamos ni los visitamos, a veces sabemos que están enfermos o solitos y ni así les tenemos paciencia. Pero el dolor de perder un abuelo es grande y el arrepentimiento aún más.
Si aún tienes a tus abuelos, visítalos, llámalos y déjalos que te cuenten las miles de historias que tienen guardadas en sus corazones, ese tiempo de calidad es lo más valioso que puedes darles